lunes, 28 de abril de 2008


Yerra el vacío abyecto de su alma en pena, y vanagloriosa;
se jacta de su luz, más intrépida en su sombra se encuentra tras la osadía de su ornamento; cual si fuera un mortal inerme, descostillado por su voluptuosidad endeble.

Ansioso hallose pues, arremete por los vaivenes de sus jilgueros,
perpetuando sus penas en tan indecorosos gorjeos;
excusa que su alma se desvanece...
pero es su trémula carne que perece bajo sus
abnegados deseos antinómicos: deleites escrupulosos, belleza animosa ¿creadora?, palabras simplistas,rodeos pesimistas, lenguaje innatista, decisiones paralíticas...

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