Sinceramente no puedo responderte, mi corazón órgano material de mi existir; mis neuronas, células que me permiten sobrevivir, hacen de mis palabras un conjunto de inexpresiones, pues carecen de fundamento cuando intento articular una respuesta para tí.
Es poco lo que te puedo decir, más sólo musitar yo trato en esta osadía de frases y especulaciones.
Recuerdo aquél bello momento en el cual nuestros cuerpos se fundían sin necesitar de letras para mediatizar-nos. Deseo aquel instante sublime para nuestros caminos, pero ahora sólo nos contentamos con inútiles signos campestres de tu lugar, de mí lugar.
Y ni siquiera con aquellas oraciones logramos entendernos, y a pesar de ello mi cuerpo se estremece al tenerte cerca.
¡Rindámonos pues a los deleites de los mortales una vez más!
No puedo contemplar la maravillosidad de la existencia sin tu verdad. Esa que hace añicos mi libertad, y me deja atónita ante la inexistencia de tu ser.
Aunque pensandolo bien, si me dejo llevar, quizás por el reverso un puñal me claves, pidiendo perdón por tu falsedad, y por mi triste ilusión.
¡Crápula de los recuerdos eres!, me engañas con la memoria pretérita, alegando que sólo el tiempo podrá ampararnos de la vaguedad de sentidos que nos gobierna, y nos separa.
Qué sutil es la diferencia entre tu pregunta y mi respuesta, pues terminan cabalgando con el ímpetu de la imaginación hacia la construcción de la fantasía, y la novela de la cual todos somos artífices.
Es poco lo que te puedo decir, más sólo musitar yo trato en esta osadía de frases y especulaciones.
Recuerdo aquél bello momento en el cual nuestros cuerpos se fundían sin necesitar de letras para mediatizar-nos. Deseo aquel instante sublime para nuestros caminos, pero ahora sólo nos contentamos con inútiles signos campestres de tu lugar, de mí lugar.
Y ni siquiera con aquellas oraciones logramos entendernos, y a pesar de ello mi cuerpo se estremece al tenerte cerca.
¡Rindámonos pues a los deleites de los mortales una vez más!
No puedo contemplar la maravillosidad de la existencia sin tu verdad. Esa que hace añicos mi libertad, y me deja atónita ante la inexistencia de tu ser.
Aunque pensandolo bien, si me dejo llevar, quizás por el reverso un puñal me claves, pidiendo perdón por tu falsedad, y por mi triste ilusión.
¡Crápula de los recuerdos eres!, me engañas con la memoria pretérita, alegando que sólo el tiempo podrá ampararnos de la vaguedad de sentidos que nos gobierna, y nos separa.
Qué sutil es la diferencia entre tu pregunta y mi respuesta, pues terminan cabalgando con el ímpetu de la imaginación hacia la construcción de la fantasía, y la novela de la cual todos somos artífices.
No hay comentarios:
Publicar un comentario